Ierushalaim, la ciudad de David tiene 3000 años. No tiene mar, ni río, ni antiguas rutas comerciales, pero su historia está impresa con el amor y el temor, la pasión, el anhelo y la devoción de la humanidad.
Profetas, conquistadores, reyes, judíos, cristianos y musulmanes, han estampado sus palabras y sus actos en su recuerdo.
Su nombre significa paz, no obstante guerras sangrientas se han desatado en torno de ella.
Los hombres la han amado, aun cuando dentro de sus murallas se hayan odiado los unos a los otros. Ha sido destruida y otras tantas veces vuelta a construir y como símbolo de su eterna permanencia, sus piedras han sido utilizadas una y otra vez.
Cada uno de los constructores de Ierushalaim utilizó lo existente y añadió su nueva y propia expresión de amor y piedad.
Hoy Ierushalaim está unificada. Caminando por sus calles, observando sus edificios, apreciando su gente, sus sonidos y sus olores, cada uno puede hacer de su historia una experiencia personal e inolvidable.
Ierushalaim, es mucho más que una ciudad: es una escultura de piedra viviente que testimonia en el espacio y en el tiempo, la continuidad histórica del pueblo judío.
Ierushalaim terrena, Ierushalaim celestial, Ierushalaim vieja,
Ierushalaim nueva, ciudad de David, ciudad de Ishaiahú,
ciudad del Mashiaj.
Miles de ciudades se superponen en una sola, amurallada, que se expande y respira y sueña y crece trepando por las colinas que la rodean.
Pinjas Hacohen