Lag Baomer: "La fiesta del heroísmo judío"


El levantamiento de Bar-Kojbá tuvo un trágico final, pero, dejo
una señal imborrable en la historia del pueblo judío


“Los héroes de Bar-Kojbá cayeron en la guerra, pero dejaron una gota de sangre que hace resucitar a los bravos de Israel en diferentes épocas.”   

Iosef Klausner, Historiador
Historia del Período del Segundo Templo


El 18 de Iyar, se celebra la fiesta de Lag Baomer.

Los días de la cuenta del Omer son, de acuerdo a la tradición judía, días de duelo en recuerdo a los alumnos de Rabí Akivá, que murieron en los días de la Rebelión de Bar-Kojbá.

Todos los estratos sociales del pueblo participaron en la ardua lucha librada entre Iehudá y el Imperio Romano, cuya dirección militar estuvo a cargo de Bar-Kojbá y contó con el apoyo espiritual de Rabí Akivá. Se supone que cayeron medio millón de judíos. En esa campaña se puso de manifiesto el heroísmo del pueblo judío y su disposición para luchar por el honor y la defensa de su fe a cualquier precio. Todos defendieron con bravura su libertad y soberanía política y religiosa.

Ambos bandos: la numéricamente pequeña Iehudá y la gran potencia que constituía entonces el Imperio Romano, aprendieron algo de esa sangrienta contienda: Iehudá comprendió que nunca le sería posible vencer a Roma en el campo de batalla y Roma entendió que espiritualmente no podría derrotar a la pequeña provincia de judía.

Se trataba, por lo tanto, de un enfrentamiento sumamente desigual entre fuerzas físicas y espiritualmente diferentes. Cada uno de los bandos poseía el predominio de uno solo de los aspectos.

La fuerza y el poderío de Roma, han quedado perpetuados únicamente en la piedra inanimada del Arco de Tito. Pero la victoria espiritual de Iehudá, perdura eternamente en los corazones del pueblo judío.

Cuando Moshé descendió del Monte Sinaí con las Tablas de la Ley y vio que el pueblo había levantado un becerro de oro, arrojó violentamente las Tablas de la Ley y las rompió. El gran legislador comprendió que en los Diez Mandamientos grabados en piedra no residía la esencia del judaísmo sino en la ejecución y cumplimiento en la vida cotidiana.  

Rememoramos una sola vez al año, el recuerdo de la campaña bélica de Bar-Kojbá contra los romanos. Pero el precepto del estudio de la Torá y la fe judía, por la cual Rabí Akivá ofrendó su vida junto a los demás mártires de la dominación romana es un precepto para ser cumplido durante todo el año.


Dice el Talmud: “El libro y la espada descendieron al mundo”, y siempre venció el libro, desplazando al frío hierro asesino.
La espada puede traer la hecatombe mayor que sea posible imaginar, mientras que el libro tiene la virtud de vivificar al mundo, pues es la fuente de la vida y la paz universal.


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