Purim
:
“Una lección sobre intolerancia”


Un recordatorio para los Hamanes actuales

Un Duque preguntó cierta vez a Rabí Ionatán Aibishitz: Vuestra Torá ordena no vengarse. ¿Por qué entonces ustedes festejan la caída de Hamán todos los años en Purim?
Respondió Rabí Ionatán Aibishitz: “Festejamos Purim para recordarles a los Hamanes actuales el fin del primer Hamán


Un dicho rabínico asegura que con la llegada del Mashiaj todas las fiestas serán abolidas, con excepción de Purim. De todos modos, Purim quedará en la historia judía como una brillante lección sobre intolerancia en todas las épocas.

Lo curioso de la historia de Purim es que sucedió en la capital del imperio persa, Shushán, que por aquel entonces se extendía sobre 127 países, desde la India hasta Etiopía.
En ese imperio cada grupo étnico estaba autorizado para desarrollar su vida cultural y religiosa en su lengua, sin ningún impedimento. Así consta en el decreto que el rey Ajashverosh promulgó en los 127 países de su imperio.

“Envío cartas a todas las provincias del rey, a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo según su lenguaje…”. (Ester I, 22)

Esta actitud denota un sentimiento de consideración y extrema tolerancia hacia la cultura de cada pueblo que habitaba dentro de los límites del imperio.

“…Ordenando que todo hombre fuese señor en su casa, y hablase esto según la lengua de su pueblo”. (Ester I, 22)

En otros términos cada uno estaba legalmente autorizado a hablar en su casa el idioma de sus antepasados, y a observar las costumbres de su pueblo.

He aquí el comportamiento típicamente galútico de Mordejai. Al ser llevada Ester a la mansión real junto con las demás candidatas al trono que dejó vacante la reina Vashtí, no reveló el nombre del pueblo al que pertenecía.

“No denunció Ester su pueblo,…, porque Mordejai encomendó le que no lo revelase”. (Ester II, 10)

Precisamente en aquel imperio tan democrático, no reveló Ester su identidad, ocultó su ascendencia judía y toda su conducta poseía los rasgos típicos de la asimilación.

Ajashverosh había promulgado una ley según la cual cada individuo podía hablar su idioma, observar su religión y escribir a su manera, y cuando Hamán se propuso obtener su consentimiento para exterminar al pueblo judío, se valió ni más ni menos de ese argumento.

La historia de Purim pone de relieve la disposición del pueblo a no dejarse avasallar por tiranos infames y a luchar por su existencia.
Sólo la solidaridad entre todos los miembros de todos los sectores del pueblo puede asegurar la subsistencia del pueblo judío.


Purim
no es solamente disfrazarse y hacer ruido para que no se escuche el nombre del malvado Hamán durante la lectura del libro de Ester. Se trata sin duda de una de las fiestas que mejor simbolizan, por un lado, la lucha de un pueblo por su libertad, por su derecho a seguir siendo él mismo, y por otro, la permanente búsqueda de un mundo mejor, contra las tiranías de cualquier signo.

                                                 Dr. Gustavo Perednik, “Puente entre lo nacional y lo universal”
                                                                               Fuente: Hagshamá, departamento de la O.S.M.


Materiales Educativos On-line

Clickeá en cada uno para abrir

 

Vaada de Contenidos
Aliza Berman, Natalia Kovalsky, Moshe Rozen, Gabriel Volcovich.

Tzevet de Lomdim central
Ana Stern, Pablo Drucker, Natalia Sverlij, Guido Olstein
lomdim@bamah.org

Directora de Lomdim
Pnina Waksman
pninaw@bamah.org

Con el asesoramiento del Merkaz Iehuda Amijai

merkaz@bamah.org