![]() |
|
|
Lo curioso de la historia de Purim es que sucedió en la capital del imperio persa, Shushán, que por aquel entonces se extendía sobre 127 países, desde la India hasta Etiopía. “Envío cartas a todas las provincias del rey, a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo según su lenguaje…”. (Ester I, 22) Esta actitud denota un sentimiento de consideración y extrema tolerancia hacia la cultura de cada pueblo que habitaba dentro de los límites del imperio. “…Ordenando que todo hombre fuese señor en su casa, y hablase esto según la lengua de su pueblo”. (Ester I, 22) En otros términos cada uno estaba legalmente autorizado a hablar en su casa el idioma de sus antepasados, y a observar las costumbres de su pueblo. He aquí el comportamiento típicamente galútico de Mordejai. Al ser llevada Ester a la mansión real junto con las demás candidatas al trono que dejó vacante la reina Vashtí, no reveló el nombre del pueblo al que pertenecía. “No denunció Ester su pueblo,…, porque Mordejai encomendó le que no lo revelase”. (Ester II, 10) Precisamente en aquel imperio tan democrático, no reveló Ester su identidad, ocultó su ascendencia judía y toda su conducta poseía los rasgos típicos de la asimilación. Ajashverosh había promulgado una ley según la cual cada individuo podía hablar su idioma, observar su religión y escribir a su manera, y cuando Hamán se propuso obtener su consentimiento para exterminar al pueblo judío, se valió ni más ni menos de ese argumento. La historia de Purim pone de relieve la disposición del pueblo a no dejarse avasallar por tiranos infames y a luchar por su existencia. |
|
Vaada de Contenidos
|
![]() |