El pogrom que tuvo lugar en Alemania y Austria durante las jornadas del 9 y 10 de noviembre de 1938 tuvo una magnitud mayor que la sola destrucción de propiedades judías. En el nombre “ Kristallnacht” subyace la intención de hacer creer que en esa noche solamente se rompieron cristales. Sin embargo, a quel suceso profundizaba la dura situación que los judíos habían comenzado a vivir. Si las disposiciones “legales” del régimen nazi excluían de la vida ciudadana a los judíos, los tumultos sufridos por estos en aquellos días los ponían al tanto de la capacidad de acción y del arraigo antisemita de la sociedad alemana. De ahora en más la escalada de amenazas, persecución y violencia física comenzaba una espiral ascendente que caracterizaría las particularidades de la Shoá.
Este aniversario constituye una oportunidad para acercarnos y profundizar la memoria de la Shoá, indagando en los aspectos dilemáticos de aquel momento. En la realidad diaria del individuo del entonces asomaban opciones existenciales y éticas: ¿Aquel pogrom era la máxima expresión antisemita o constituía el comienzo de las agresiones futuras? ¿Qué hacer ante aquella situación?
Pero, además, a una distancia considerable de aquellos sucesos, las preguntas se nos hacen vigentes: ¿Cómo entender el presente histórico que transitamos cuando aparecen señales que amenazan reeditar persecuciones del pasado? ¿Cómo asumimos la defensa de nuestra identidad desprendiéndonos de una visión maniquea?
Sin duda, los sucesos violentos que nos rodean nos comprometen a rever la historia y pensar en el presente, nuestro presente, porque nuestro futuro será un dato conocido sólo por la próxima generación.