"El cielo estaba diáfano, la tierra en silencio y todas las calles limpias, y un nuevo viento soplaba en la tierra.
Yo era un niño de unos 4 años, estaba vestido con ropa festiva, y un familiar me llevó junto a mi padre y mi abuelo, a la Casa de las Oraciones.
Y la Casa de las Oraciones estaba llena de gente cubierta con 'talitim' y coronas de plata sobre sus cabezas, y sus ropas eran blancas, y en sus manos había libros, y muchas velas puestas sobre largas cajas de arena, y una luz maravillosa con un aroma agradable brotaba de las velas. Y un anciano estaba de pie frente al arca, y su talit caía por debajo de su pecho y voces agradables y dulces emergían de su talit.
Y yo estaba parado al lado de la ventana de la Casa de Oraciones tembloroso y asombrado de esas suaves voces, y de la corona de plata, y de la luz maravillosa y del aroma a miel que afloraba de las velas, esas velas de cera.
Y me parecía que la tierra sobre la que había caminado, y las calles por las que había transitado, y todo el mundo entero, eran sólo un pasaje hacia la Casa de Oraciones.
Aún no sabía pronunciar conceptos teóricos, y el concepto de 'santidad' no lo conocía. Pero hoy no tengo dudas de que en ese momento sentí la 'santidad de ese lugar', la 'santidad de ese día' y la 'santidad de las personas' que estaban en la casa de D's rezando y entonando cánticos.
Y a pesar de que hasta ese momento no había visto algo así, no se me ocurrió que esto podría terminar. Y así estaba, inmóvil y observando la Casa de Oraciones, y a la gente que estaba en la Casa, y no discerniendo un hombre de otro, dado que todos ellos, juntos con la Casa, me resultaba una unidad, y sentí una gran alegría en mi corazón."
(De las palabras de introducción a “Iamim Noraim” de Shmuel Iosef Agnón)
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